viernes, 23 de marzo de 2012
UN TRISTE TIGRE: ARENAS ENSEÑA LA PATITA.
UN TRISTE TIGRE: ARENAS ENSEÑA LA PATITA: Dice Javier Arenas que va a reducir considerablemente las cifras de paro en Andalucía ¿Cuál es la receta? La utilizada con relativo éxito ...
miércoles, 21 de marzo de 2012
ALGUNOS JUECES CONTRA LA REFORMA LABORAL ESCLAVISTA.
Jueces para la Democracia ante la Reforma
Laboral
Jueces para la Democracia considera que el contenido del Real Decreto Ley 3/2.012, de medias urgentes para la reforma del mercado laboral constituye uno de los mayores ataques al derecho del trabajo y a las instituciones laborales a partir de la aprobación del Estatuto de los Trabajadores y materializa una reforma ofensiva, regresiva, reaccionaria y profundamente injusta.
Se adopta de nuevo a través de Real Decreto Ley, sin previa negociación con los agentes sociales, sobre la base de una urgencia que no es posible relacionar con unos objetivos a los que no puede hacer frente, y que se utilizan para atacar a la esencia misma del derecho del trabajo, intentando despojarle del carácter tuitivo y compensador del tradicional desequilibrio entre las partes de la relación de trabajo.
La reforma laboral introducida por Ley 35/2010 y la posterior Ley 27/2011 en materia de Seguridad Social fueron la antesala a las que ahora se adoptan, pese a que, planteadas como imprescindibles para la creación de empleo y la supervivencia del sistema de protección, no sólo no han generado empleo, sino que han contribuido a su imparable destrucción, agravando la situación que padecemos, producto de la incapacidad de ajustar la economía al empobrecimiento derivado de la crisis bursátil, del desplome de la burbuja inmobiliaria y del imparable avance de la economía sumergida.
Las reformas en materia de Seguridad Social han supuesto un sustancial avance hacia la consolidación de la progresiva reducción del sistema público de protección social.
La norma, en mayor medida que sus antecesoras, otorga a los empresarios la facultad de disposición cuasi absoluta de la prestación laboral y modifica las recientes atribuciones competenciales en materia de extinción contractual. La empresa pasa a ser el ámbito preferente de negociación de las condiciones de trabajo y con ello el empresario protagoniza su establecimiento y modificación, con la consiguiente debilitación de la obligada interlocución con los trabajadores o sus representantes para la adopción de medidas que la habían exigido, relegando al mismo tiempo el papel de la Administración.
Si anteriores reformas laborales incidieron en la reducción de prestaciones y de retribuciones en la Administración Pública, la reforma actual introduce los elementos necesarios para el reajuste retributivo y de condiciones de trabajo en el sector privado a través de las facultades de modificación de la retribución pactada o las posibilidades de descuelgue, no sólo salarial, sino de la integridad del convenio, limitando la ultra-actividad de su contenido (el Estado niega el acuerdo y voluntad de las partes) y profundiza en la desigualdad entre los sujetos del contrato de trabajo, debilitando paralelamente el papel compensador que constitucionalmente se ha atribuido a los Sindicatos y a la negociación colectiva.
La tutela normativa que había venido otorgándose al trabajador se mercantiliza desde el acceso al empleo, “descentralizándose” en las ETT la colocación, que debía ser la actividad preferente de un servicio público de empleo. Como paliativo al sangrante incremento del desempleo joven se modifica la contratación para la formación y aprendizaje, tradicionalmente concebida para el acceso al trabajo de trabajadores jóvenes, compatibilizando trabajo y formación.
El nuevo “contrato indefinido de apoyo a los emprendedores” desvirtúa la propia finalidad del período de prueba, al fijarlo en un año de duración, reconvirtiéndolo en un contrato a término.
La reforma refuerza el poder unilateral del empresario para modificar cambios de puesto de trabajo, distribución de jornada y movilidad geográfica; modifica el contenido de los acuerdos que se establecieron en los pactos individuales y colectivos (salario, jornada...) lo que puede provocar la sangrante opción de muchos trabajadores entre ver reducida su retribución y la protección social futura o engrosar la estadística de desempleados, sin garantía de recuperación de las condiciones de aquella transacción si posteriormente el empleador decide extinguir contratos tras nueve meses de disminución de ingresos o ventas.
La nueva regulación pretende limitar, una vez más, las facultades del juzgador para valorar la finalidad y/o razonabilidad de la extinción por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción, eliminando los elementos de causalidad finalista, cuando la empresa alegue disminución de ingresos o ventas durante tres trimestres consecutivos, ello limitará la tutela judicial ante el despido y desincentivará el ejercicio por el trabajador de reclamaciones judiciales.
Esta nueva degradación de la causalidad en el despido, junto a la introducida por el nuevo contrato “indefinido para emprendedores” y a la supresión de la autorización administrativa en despidos colectivos, es contraria al derecho constitucional al trabajo que consagra el art. 35 de la Constitución Española que, como ha recordado el Tribunal Constitucional, integra el derecho a no ser despedido sin justa causa, lo que nos sitúa también al margen de los compromisos asumidos por España con la ratificación del Convenio 158 de la OIT.
La reforma introducida por Real Decreto Ley 3/2012, como la anterior contenida en la Ley 35/2010 y las que a esta sucedieron, no servirá para crear empleo estable, no combatirá la dualidad del mercado de trabajo e introduce un peligroso desequilibrio entre las partes de la relación laboral, poniendo en peligro la existencia misma del Derecho del Trabajo y la de los valores constitucionales de los que ha venido nutriéndose.
Nuestra obligación como jueces garantes de los derechos fundamentales de los trabajadores es continuar aplicando las leyes laborales conforme a los principios y valores constitucionales, poniendo freno a los posibles abusos que tan amplias posibilidades de disposición del contrato de trabajo que se otorgan al empresario. Seguiremos sin duda en esa línea, obviando las muestras de desconfianza del legislador materializadas en las reformas introducidas a la ley procesal, aún desde la insostenible carga de trabajo que estamos soportando.
16 de febrero de 2012
El Secretariado de JpD
Jueces para la Democracia http://www.juecesdemocracia.es
Jueces para la Democracia considera que el contenido del Real Decreto Ley 3/2.012, de medias urgentes para la reforma del mercado laboral constituye uno de los mayores ataques al derecho del trabajo y a las instituciones laborales a partir de la aprobación del Estatuto de los Trabajadores y materializa una reforma ofensiva, regresiva, reaccionaria y profundamente injusta.
Se adopta de nuevo a través de Real Decreto Ley, sin previa negociación con los agentes sociales, sobre la base de una urgencia que no es posible relacionar con unos objetivos a los que no puede hacer frente, y que se utilizan para atacar a la esencia misma del derecho del trabajo, intentando despojarle del carácter tuitivo y compensador del tradicional desequilibrio entre las partes de la relación de trabajo.
La reforma laboral introducida por Ley 35/2010 y la posterior Ley 27/2011 en materia de Seguridad Social fueron la antesala a las que ahora se adoptan, pese a que, planteadas como imprescindibles para la creación de empleo y la supervivencia del sistema de protección, no sólo no han generado empleo, sino que han contribuido a su imparable destrucción, agravando la situación que padecemos, producto de la incapacidad de ajustar la economía al empobrecimiento derivado de la crisis bursátil, del desplome de la burbuja inmobiliaria y del imparable avance de la economía sumergida.
Las reformas en materia de Seguridad Social han supuesto un sustancial avance hacia la consolidación de la progresiva reducción del sistema público de protección social.
La norma, en mayor medida que sus antecesoras, otorga a los empresarios la facultad de disposición cuasi absoluta de la prestación laboral y modifica las recientes atribuciones competenciales en materia de extinción contractual. La empresa pasa a ser el ámbito preferente de negociación de las condiciones de trabajo y con ello el empresario protagoniza su establecimiento y modificación, con la consiguiente debilitación de la obligada interlocución con los trabajadores o sus representantes para la adopción de medidas que la habían exigido, relegando al mismo tiempo el papel de la Administración.
Si anteriores reformas laborales incidieron en la reducción de prestaciones y de retribuciones en la Administración Pública, la reforma actual introduce los elementos necesarios para el reajuste retributivo y de condiciones de trabajo en el sector privado a través de las facultades de modificación de la retribución pactada o las posibilidades de descuelgue, no sólo salarial, sino de la integridad del convenio, limitando la ultra-actividad de su contenido (el Estado niega el acuerdo y voluntad de las partes) y profundiza en la desigualdad entre los sujetos del contrato de trabajo, debilitando paralelamente el papel compensador que constitucionalmente se ha atribuido a los Sindicatos y a la negociación colectiva.
La tutela normativa que había venido otorgándose al trabajador se mercantiliza desde el acceso al empleo, “descentralizándose” en las ETT la colocación, que debía ser la actividad preferente de un servicio público de empleo. Como paliativo al sangrante incremento del desempleo joven se modifica la contratación para la formación y aprendizaje, tradicionalmente concebida para el acceso al trabajo de trabajadores jóvenes, compatibilizando trabajo y formación.
El nuevo “contrato indefinido de apoyo a los emprendedores” desvirtúa la propia finalidad del período de prueba, al fijarlo en un año de duración, reconvirtiéndolo en un contrato a término.
La reforma refuerza el poder unilateral del empresario para modificar cambios de puesto de trabajo, distribución de jornada y movilidad geográfica; modifica el contenido de los acuerdos que se establecieron en los pactos individuales y colectivos (salario, jornada...) lo que puede provocar la sangrante opción de muchos trabajadores entre ver reducida su retribución y la protección social futura o engrosar la estadística de desempleados, sin garantía de recuperación de las condiciones de aquella transacción si posteriormente el empleador decide extinguir contratos tras nueve meses de disminución de ingresos o ventas.
La nueva regulación pretende limitar, una vez más, las facultades del juzgador para valorar la finalidad y/o razonabilidad de la extinción por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción, eliminando los elementos de causalidad finalista, cuando la empresa alegue disminución de ingresos o ventas durante tres trimestres consecutivos, ello limitará la tutela judicial ante el despido y desincentivará el ejercicio por el trabajador de reclamaciones judiciales.
Esta nueva degradación de la causalidad en el despido, junto a la introducida por el nuevo contrato “indefinido para emprendedores” y a la supresión de la autorización administrativa en despidos colectivos, es contraria al derecho constitucional al trabajo que consagra el art. 35 de la Constitución Española que, como ha recordado el Tribunal Constitucional, integra el derecho a no ser despedido sin justa causa, lo que nos sitúa también al margen de los compromisos asumidos por España con la ratificación del Convenio 158 de la OIT.
La reforma introducida por Real Decreto Ley 3/2012, como la anterior contenida en la Ley 35/2010 y las que a esta sucedieron, no servirá para crear empleo estable, no combatirá la dualidad del mercado de trabajo e introduce un peligroso desequilibrio entre las partes de la relación laboral, poniendo en peligro la existencia misma del Derecho del Trabajo y la de los valores constitucionales de los que ha venido nutriéndose.
Nuestra obligación como jueces garantes de los derechos fundamentales de los trabajadores es continuar aplicando las leyes laborales conforme a los principios y valores constitucionales, poniendo freno a los posibles abusos que tan amplias posibilidades de disposición del contrato de trabajo que se otorgan al empresario. Seguiremos sin duda en esa línea, obviando las muestras de desconfianza del legislador materializadas en las reformas introducidas a la ley procesal, aún desde la insostenible carga de trabajo que estamos soportando.
16 de febrero de 2012
El Secretariado de JpD
Jueces para la Democracia http://www.juecesdemocracia.es
sábado, 17 de marzo de 2012
viernes, 16 de marzo de 2012
HUELGA GENERAL INDEFINIDA.
Leña al mono hasta que cante.
Pongo este escrito, como comentario a un artículo en El Armario de Mercedes.
Estimada Mercedes:
No, no puedo estar de acuerdo con el espíritu general de tu artículo. Aunque haya extremos en los que participe del análisis.
Y el extremo en que menos comulgo es en que los autónomos y pymes levantemos gran cosa.
Los autónomos, que no lo fueran por necesidad, sino por elección, vale.
Pero, la mayoría de autónomos, entre los que me encuentro, los somos por necesidad. Ocupamos el espacio productivo que las grandes y medianas empresas deberían de cubrir con personal en nómina.
Trabajando más horas a mayor ritmo para superar unos costes fijos enormes, tributos y equipamiento. Intentando conseguir unos remanentes económicos para esos espacios temporales en que no abunda el trabajo y en que los costes siguen iguales, incluso mayores por la búsqueda activa de un nuevo tajo. En definitiva, haciendo eso que las buenas formas llaman infame destajo, que debería ser prohibido mucho más tajantemente por las leyes de protección del trabajador.
Los sindicatos mayoritarios han tenido un laxo proceder en muchas ocasiones, renunciando a la confrontación por conseguir una permanencia de plantillas e incluso de las mismas empresas, posicionadas en un constante chantaje amenazador, en vez de potenciar su capacidad de proporcionar una mayor productividad por trabajador. En la mayoría de los casos han preferido los beneficios a corto plazo y, las cotizadas, el reparto de dividendos, aun en bancarrota técnica. Como sucede ahora con los bancos, constructoras, inmobiliarias y constructoras que han sobrevivido por mayor decencia gestora y diversificación, enérgéticas...
Una gran parte de las empresas que podían haber permanecido activas no lo están porque sus administradores, que no dueños, las han descapitalizado, defraudando a los accionistas y a los pocos trabajadores de plantilla y, sobre todo, a sus proveedores entre los que estamos los los autónomos, que suplíamos a la escasez intencionada de plantillas. Autónomos que cobrábamos además a ciento veinte, ciento cincuenta y ciento noventa y más días. Con pagarés en precario, que una vergonzosa legislación sobre pagos sigue permitiendo.
Ahora se pretende además que los obreros trabajen en condiciones de esclavitud pura y dura. Peor, porque, en muchos casos, el trabajo no estará retribuído con lo necesario para comer y dormir dignamente.
Los autónomos debemos, aunque fuera solamente como personas, estar a favor de un enfrentamiento bélico, no esta pachanga, contra la administración coyuntural del Estado y contra la supervivencia de unas empresas zombies en manos de esclavistas e inútiles sinvergüenzas, que es lo que son la mayoría de los, mal llamados, empresarios, que tienen que ampararse en el control y los recursos de los poderes estatales para inclinar la situación a su favor. Solos no podrían.
Y sí, la huelga es la única herramienta de la que dispone el obrero para conseguir sus reivindicaciones. Pero no una huelga de un día, siempre indefinida hasta que la parte contraria ceda.
Por último, una consideración imprescindible sobre la acción sindical. El poder del sindicato depende del compromiso de su base, todos los trabajadores sindicados o no, que secundan a muerte la acción sindical.
Eso tiene que pasar porque el agravio o la arbitariadad de una sola empresa determine la huelga general. Y esto lo digo desde una posión moderada; la extrema no la digo. Los sindicatos gremiales, que comenzaron a surgir, suplían la dificultad de generalizar un enfrentamiento particular de algunos empleados de cualificación superior y esenciales para el funcionamiento , no sólo del suyo, sino de otros muchos sectores. En definitiva, su huelga sectorial deviene siempre en casi general . Estos gremios han conseguido grandes mejoras de sus condiciones, pero apartados del resto de los, sí, sí, sí de su clase. A los que además la administración del Estado ha agraviado, con la comprensión y aplauso de sumisos trabajadores como ellos, y de paso a todos los demás y a la ética y la mínima decencia, con la militarización. El colmo..
Por todo esto sí a la huelga general indefinida.
Un abrazo, amiga.
Salud.
martes, 13 de marzo de 2012
PEGO ENTERO. HABLA LA MILICIA.
"Esto ya no hay dios que lo aguante, compatriotas"
UN CORONEL DEL EJÉRCITO ESPAÑOL SE PREGUNTA A QUÉ ESPERAMOS LOS ESPAÑOLES PARA SUBLEVARNOS
Coronel Amadeo Martínez Inglés - De Insurgente
En este artículo un coronel del Ejército español, Amadeo
Martínez Inglés se interroga sobre las razones que impiden a los
españoles sublevarse ante la presente situación politica y económica
"¿Pero a qué coño, y lo digo totalmente en serio, esperamos - se
pregunta el coronel - los españoles para sublevarnos, para decir ¡basta
ya!, para gritar a coro y a mandíbula batiente ¡Hasta aquí hemos
llegado, políticos de medio pelo, ineptos de mierda!".
España en estos momentos,
amigos, es una ruina total, un fiasco social y político, una catástrofe
económica y financiera: Recesión, paro monstruoso, corrupción
generalizada, deuda escalofriante, miseria total para millones de sus
ciudadanos, despidos laborales gratis total, déficit imparable, recortes
salvajes en sus sistemas sanitario y educativo, algaradas
estudiantiles, protestas sociales en aumento incontrolado, huelgas
sectoriales por todos lados y paro general del país a corto plazo,
descontento social a todos los niveles, desprestigio de las
instituciones comenzando por una monarquía enfermiza y corrupta y
terminando con una clase política inepta y totalmente despreciada por el
pueblo … y, en el horizonte a medio plazo, la suspensión de pagos pura y
dura y el colapso total como nación soberana.
Y encima de todo esto, y por si fuera poco, deprimido lector, seguimos bajo las órdenes, ya descaradas y sin tapujos democráticos de ninguna clase, del nuevo imperio económico germano, de la implacable dictadura del euro de la señora Merkel a la que ya solo le falta ponernos a todos los españoles a desfilar por La Castellana al paso de la oca y con el asustado “recortador de oro”, señor Rajoy, tocando el tambor y acompañado de la cabra de La Legión.
Esto ya no hay dios que lo aguante, compatriotas. Este país es de locos, se va al carajo, estamos a días, o como mucho semanas, de atravesar en tropel la línea roja del “no retorno” (esa línea intangible de corte castrense, no dibujada en los mapas militares, que les
dice
muy bajito al oído a los soldados de elite que ejecutan una arriesgada
misión que a partir de ella solo les queda luchar como jabatos, cumplir a
rajatabla la tarea encomendada y esperar a que la suerte les salve la
vida y el honor) y los españoles seguimos hocicando en el error, en la
mentira, en el pasotismo más suicida, en el sálvese quien pueda y
esperando, con más moral que el divino Urdangarín,
que Europa se apiade de nosotros, que se crea a pies juntillas las
mentiras del nuevo y asustado presidente del Gobierno español, señor Rajoy,
que acepte sin muchas represalias comunitarias el órdago suicida que le
lanzó el viernes día 2 de marzo por la tarde en Bruselas a cuenta del
descomunal déficit que arrastra este país y nos posponga los deberes
financieros relacionados con el mismo hasta el año que viene.
¿Pero que coño, y lo digo totalmente en serio, esperamos los españoles para sublevarnos, para decir ¡Basta ya! para gritar a coro y a mandíbula batiente ¡Hasta aquí hemos llegado, políticos de medio pelo, ineptos de mierda!? ¿Pero es que los 45 millones de pacientes ciudadanos de este país (millón más, millón menos, de parados obviamente) aparte de corruptos (no todos lo somos, afortunadamente, afincados la gran mayoría de ellos en la política, en las instituciones y en las llamadas clases pudientes), pasotas (a título individual y colectivo), pelotas con el que manda (el “Sí, señor, señor”, de los marines estadounidenses tiene raíces hispánicas), de valor recóndito, manifiestamente mejorable y dado en última instancia a las derrotas heroicas, “lameborbones” ancestrales, futboleros a semana completa, torotorturadores de puro, almohadilla y copa, vagos (según la señora Merkel; de “baja productividad laboral” según los economistas del reino), tontorrones del culo (con un crédito cerebral medio cercano a aquellos 5 picogramos del solomillo optimizado con clembuterol de nuestro último crac ciclista), envidiosos (lo de “no desearás la mujer de tu prójimo” fue puesto en el decálogo de buenas prácticas del catolicismo a instancias de los primeros evangelizadores ibéricos), individualistas (solo nos juntamos con otros u otras para robar o procrear)… somos también masoquistas de tamaño natural y a jornada completa?
Pues sí, amigos, la verdad es que somos de todo eso y algo más. Somos unos ilusos y unos irresponsables. ¿Pero es que queremos seguir, más pronto que tarde, por la inicua senda por la que ahora mismo deambulan entre el deshonor, la ira, la vergüenza, la pobreza más absoluta y el instinto suicida y asesino, los ciudadanos/esclavos griegos de la todopoderosa UE que no han tenido los “parthenones” necesarios para plantar cara de una vez a la “fürher” Merkel y al “petit emperateur” Sarkozy?
¿Pero es que en este país no somos capaces de hacer ver a nuestros lerdos gobernantes (que lo son y mucho, algunos como el ya jubilado ZP lo demostró en su día con matrícula de honor al llevarnos a todos de las orejas a la pista de salida de esta esquizofrenia nacional que ahora padecemos y el actual presidente del Gobierno, el mentiroso compulsivo a escala global, don Mariano “el gallego”, lo hará asimismo muy pronto una vez que termine con aprovechamiento el curso de “hostiable social” que actualmente realiza) que estamos hasta el gorro de tanta mentira, tanta incoherencia, tanta frustración, tanta corrupción, tanto robo (a mano armada y solo con careta), tanta degradación social y política, tanta oligarquía de dos partidos hegemónicos que se reparten periódicamente el poder y, con ello, millones de euros a punta de pala (justo los que faltan en estos momentos en las arcas de este Estado fallido y en almoneda)?
¿Pero es que no somos capaces de hacer entender a estos golfos políticos que nos malgobiernan, escondidos tras una acreditación como representantes del pueblo soberano robada legislatura a legislatura a través de unas listas electorales cerradas y bloqueadas, que su tiempo de vino y rosas, de patente de corso franquista amañada en el miedo y el pasotismo de todo un pueblo asustado tras cuarenta años de dictadura, está a punto de consumirse, a punto de derretirse en el fuego incontrolado de una crisis económica, política y social de esas que cíclicamente mandan a los pueblos la propia historia, ávida de regeneración y horizontes nuevos?
Yo, desde luego, amigos, alucino cada día más en este país de locos (la mayoría), corruptos (todos los que pueden), parados (sumergidos o no), pobres (en subida exponencial), pasajeros de AVE (los pocos que a día de hoy tienen prisa y dinero), pobres (de solemnidad y de textura media) y pelotas (absolutamente todos). ¿Pero hasta cuando vamos a seguir así? ¡Cuando coño nos vamos a movilizar de verdad la masa borreguil española que malvive y sufre en la actualidad a cuenta de unos pocos miles de robaperas y políticos trincones (el monarca a la cabeza), con faca virtual o de acero toledano escondida en el slip o la braga, para mandar a todos ellos a la mierda (perdón, otra vez me he abandonado el escatológico palabro, “ostracismo” quedaría mejor en el contexto literario en el que normalmente me muevo pero el cabreo monumental que arrastro en estos momentos no me permite relajarme hacia más éticos eufemismos de forma)!
Yo sigo esperando, bondadosos y deprimidos conciudadanos, con mi vista puesta en el tornado político y social que se está formando en estos momentos en millones de cocinas españolas, ese mágico día “D”, ese momento histórico que arrastre con fuerza la polución endiablada y asesina que cubre este país desde hace ya bastantes décadas. ¿Será el próximo 14 de abril el día señalado? Puede ser, no lo sé, todo dependerá de los partidos de fútbol programados para tan emblemática jornada y de los puntos que en ese momento le lleve el Real Madrid al Barsa. Pero me gustaría que así fuera. De momento, las vanguardias juveniles del cambio, a través de sus redes de información y vertebración social en Internet, ya han lanzado su consigna de ocupación del santa santorum monárquico de La Zarzuela. ¿Podrán hacerlo? Soy optimista. Históricamente, pocas murallas han resistido el empuje de jóvenes (y jóvenas) decididos a cambiar el horizonte de sus vidas. Yo, desde luego, a título personal y hagan lo que hagan los “made in Spain” estoy con ellos. Y con ellas.
Y encima de todo esto, y por si fuera poco, deprimido lector, seguimos bajo las órdenes, ya descaradas y sin tapujos democráticos de ninguna clase, del nuevo imperio económico germano, de la implacable dictadura del euro de la señora Merkel a la que ya solo le falta ponernos a todos los españoles a desfilar por La Castellana al paso de la oca y con el asustado “recortador de oro”, señor Rajoy, tocando el tambor y acompañado de la cabra de La Legión.
Esto ya no hay dios que lo aguante, compatriotas. Este país es de locos, se va al carajo, estamos a días, o como mucho semanas, de atravesar en tropel la línea roja del “no retorno” (esa línea intangible de corte castrense, no dibujada en los mapas militares, que les
¿Pero que coño, y lo digo totalmente en serio, esperamos los españoles para sublevarnos, para decir ¡Basta ya! para gritar a coro y a mandíbula batiente ¡Hasta aquí hemos llegado, políticos de medio pelo, ineptos de mierda!? ¿Pero es que los 45 millones de pacientes ciudadanos de este país (millón más, millón menos, de parados obviamente) aparte de corruptos (no todos lo somos, afortunadamente, afincados la gran mayoría de ellos en la política, en las instituciones y en las llamadas clases pudientes), pasotas (a título individual y colectivo), pelotas con el que manda (el “Sí, señor, señor”, de los marines estadounidenses tiene raíces hispánicas), de valor recóndito, manifiestamente mejorable y dado en última instancia a las derrotas heroicas, “lameborbones” ancestrales, futboleros a semana completa, torotorturadores de puro, almohadilla y copa, vagos (según la señora Merkel; de “baja productividad laboral” según los economistas del reino), tontorrones del culo (con un crédito cerebral medio cercano a aquellos 5 picogramos del solomillo optimizado con clembuterol de nuestro último crac ciclista), envidiosos (lo de “no desearás la mujer de tu prójimo” fue puesto en el decálogo de buenas prácticas del catolicismo a instancias de los primeros evangelizadores ibéricos), individualistas (solo nos juntamos con otros u otras para robar o procrear)… somos también masoquistas de tamaño natural y a jornada completa?
Pues sí, amigos, la verdad es que somos de todo eso y algo más. Somos unos ilusos y unos irresponsables. ¿Pero es que queremos seguir, más pronto que tarde, por la inicua senda por la que ahora mismo deambulan entre el deshonor, la ira, la vergüenza, la pobreza más absoluta y el instinto suicida y asesino, los ciudadanos/esclavos griegos de la todopoderosa UE que no han tenido los “parthenones” necesarios para plantar cara de una vez a la “fürher” Merkel y al “petit emperateur” Sarkozy?
¿Pero es que en este país no somos capaces de hacer ver a nuestros lerdos gobernantes (que lo son y mucho, algunos como el ya jubilado ZP lo demostró en su día con matrícula de honor al llevarnos a todos de las orejas a la pista de salida de esta esquizofrenia nacional que ahora padecemos y el actual presidente del Gobierno, el mentiroso compulsivo a escala global, don Mariano “el gallego”, lo hará asimismo muy pronto una vez que termine con aprovechamiento el curso de “hostiable social” que actualmente realiza) que estamos hasta el gorro de tanta mentira, tanta incoherencia, tanta frustración, tanta corrupción, tanto robo (a mano armada y solo con careta), tanta degradación social y política, tanta oligarquía de dos partidos hegemónicos que se reparten periódicamente el poder y, con ello, millones de euros a punta de pala (justo los que faltan en estos momentos en las arcas de este Estado fallido y en almoneda)?
¿Pero es que no somos capaces de hacer entender a estos golfos políticos que nos malgobiernan, escondidos tras una acreditación como representantes del pueblo soberano robada legislatura a legislatura a través de unas listas electorales cerradas y bloqueadas, que su tiempo de vino y rosas, de patente de corso franquista amañada en el miedo y el pasotismo de todo un pueblo asustado tras cuarenta años de dictadura, está a punto de consumirse, a punto de derretirse en el fuego incontrolado de una crisis económica, política y social de esas que cíclicamente mandan a los pueblos la propia historia, ávida de regeneración y horizontes nuevos?
Yo, desde luego, amigos, alucino cada día más en este país de locos (la mayoría), corruptos (todos los que pueden), parados (sumergidos o no), pobres (en subida exponencial), pasajeros de AVE (los pocos que a día de hoy tienen prisa y dinero), pobres (de solemnidad y de textura media) y pelotas (absolutamente todos). ¿Pero hasta cuando vamos a seguir así? ¡Cuando coño nos vamos a movilizar de verdad la masa borreguil española que malvive y sufre en la actualidad a cuenta de unos pocos miles de robaperas y políticos trincones (el monarca a la cabeza), con faca virtual o de acero toledano escondida en el slip o la braga, para mandar a todos ellos a la mierda (perdón, otra vez me he abandonado el escatológico palabro, “ostracismo” quedaría mejor en el contexto literario en el que normalmente me muevo pero el cabreo monumental que arrastro en estos momentos no me permite relajarme hacia más éticos eufemismos de forma)!
Yo sigo esperando, bondadosos y deprimidos conciudadanos, con mi vista puesta en el tornado político y social que se está formando en estos momentos en millones de cocinas españolas, ese mágico día “D”, ese momento histórico que arrastre con fuerza la polución endiablada y asesina que cubre este país desde hace ya bastantes décadas. ¿Será el próximo 14 de abril el día señalado? Puede ser, no lo sé, todo dependerá de los partidos de fútbol programados para tan emblemática jornada y de los puntos que en ese momento le lleve el Real Madrid al Barsa. Pero me gustaría que así fuera. De momento, las vanguardias juveniles del cambio, a través de sus redes de información y vertebración social en Internet, ya han lanzado su consigna de ocupación del santa santorum monárquico de La Zarzuela. ¿Podrán hacerlo? Soy optimista. Históricamente, pocas murallas han resistido el empuje de jóvenes (y jóvenas) decididos a cambiar el horizonte de sus vidas. Yo, desde luego, a título personal y hagan lo que hagan los “made in Spain” estoy con ellos. Y con ellas.
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